El Dataísmo, un futuro con más adeptos que cualquier religión

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El dataísmo podría ser la gran religión del siglo XXI, en la que se cree que la información es lo único esencial y la libertad de la información es el mayor bien de todos.

En tan solo un día, los usuarios de internet publican aproximadamente más de 800 millones de fotografías en Facebook, envían más de 60 mil millones de mensajes a través de WhatsApp, escriben más de 500 millones de tweets, y publican más de 80 millones de fotografías en Instagram, esto sin contar con las demás aplicaciones que existen en este ecosistema.

Toda esta información que a diario publicamos y consumimos acerca de gustos, preferencias, causas, e información privada, genera un gran volumen de datos que se aloja en en el mundo infinito de Internet. 

Al mismo tiempo, esto ha generado algunas preguntas, ¿para qué sirve toda esta información?, ¿quién la procesa?, ¿a alguien le interesa? y, la más importante, ¿tiene algún valor?

La respuesta es simple: sí. La recolección masiva de información personal está generando mucho dinero y al mismo tiempo una naciente religión: el dataísmo.

¿Dejarías que un ordenador decidiera las calorías que debe consumir tu cuerpo? ¿Confiarías en una aplicación para que te recomendara tu pareja ideal? Los seguidores del dataísmo no lo dudarían. 

Aunque a simple vista suena un poco descabellado, todos los que navegamos en la red, tenemos algo de dataístas, pues a diario, consciente o inconscientemente, nos dejamos influenciar de lo que consumimos en la red, siguiendo patrones de nuestros mismos gustos.

Conoce los modelos predictivos basados en datos que están mandando la parada

Datos: un poder que nos gobierna en silencio

Al parecer, los datos que fluyen en la red saben más de nosotros que nosotros mismos, y los algoritmos deberían sustituirnos a la hora de tomar decisiones.

El dataísmo no rinde culto a ningún dios: adora los datos. La información es su mandamiento supremo, los algoritmos, sus sagradas escrituras y la Inteligencia Artificial, su sumo sacerdote.

La era de la información no genera adictos. Lo que produce es muchos feligreses, algunos fanáticos y uno que otro fundamentalista. Nuestra devoción a los datos tiene forma de religión y se llama dataísmo. A esa iglesia, vamos todos”

Jaime Cordero, editor de la Revista H

Yuval Noah Harari un historiador y escritor israelí, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, en su obra Homo Deus: Breve historia del mañana, habla acerca del Dataísmo que “no venera ni a dioses ni al hombre: adora los datos”. En el libro, Harari argumenta que todas las estructuras políticas o sociales competidoras pueden ser vistas como sistemas de procesamiento de datos:

El dataísmo declara que el universo consiste en flujos de datos y que el valor de cualquier fenómeno o entidad está determinado por su contribución al procesamiento de datos”.

Harari plantea que: «podemos interpretar que toda la especie humana es un sólo sistema de procesamiento de datos, siendo cada uno de los seres humanos un chip». Y también predice que la conclusión lógica de este proceso es que con el tiempo los humanos otorgarán a los algoritmos la autoridad para tomar las decisiones más importantes de su vida, como con quién casarse, por ejemplo.

Y continúa: “Todos somos algoritmos. Las máquinas y los seres vivos. Los humanos somos algoritmos orgánicos. Con la información que tenemos, actuamos. Los sentimientos y las emociones son mecanismos bioquímicos que los animales usan para tomar decisiones. Es un cálculo veloz de probabilidades que nos ayuda a sobrevivir. Cuando vemos un tigre, aparece el miedo porque un algoritmo bioquímico calcula que la probabilidad de morir es grande. La química sexual aparece cuando tenemos posibilidades de aparearnos con alguien. Son algoritmos que se han ido perfeccionando a lo largo de cientos de miles de años”.

Sigamos con el dataísmo: ¿qué sigue?

Dataísmo

Ahora mismo, la capacidad de procesamiento y almacenamiento de datos es muy limitada, pero es cierto que ya está bastante avanzada la Inteligencia Artificial y muy pronto se espera que será capaz de almacenar, clasificar y evaluar en tiempo real todos los datos que generamos a diario, elaborando patrones de conducta y creando simulaciones inmediatas basadas en modelos predictivos.

Plataformas y aplicaciones como Google, Facebook, Outlook o Amazon tienen muy bien identificadas y a la perfección nuestros gustos, costumbres, hábitos, preferencias, conocen nuestros amigos, saben qué leemos, por dónde nos movilizamos, nuestros temas de interés, y hasta nuestra ideología política.

El procesamiento de todos esos datos producirá un retrato extremadamente detallado de nosotros mismos, se supone, nos ayudará en la toma de decisiones y permitirá predecir futuras situaciones con márgenes de error mínimos. 

El dataísmo ya está anunciando en el futuro que viene, un futuro donde los datos fluirán con total libertad y donde nuestras decisiones las podrán tomar complejos algoritmos que, ojalá no sustituyan al cerebro humano.

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